Envejecer es algo que atemoriza a la mayoría de la gente; las arrugas, la papada o la flacidez son algunos de los efectos que el paso del tiempo deja en el cuerpo y en la piel. Pero, ¿y si se pudiera saber la velocidad de envejecimiento? Aunque pueda recordar al argumento de una película de ciencia-ficción, esta posibilidad está más cerca de lo que parece.
La razón es un sencillo análisis de sangre que determina la longitud de los telómeros, estructuras con funciones celulares ligadas a la velocidad de envejecimiento. El acortamiento de los telómeros presentes en las células está en relación con el proceso de envejecimiento; evitarlo alterando la actividad de la telomerasa se considera un enzima significativo en relación con la longevidad.
Ralentizar el proceso de acortamiento de los telómeros no sólo serviría para tener una piel más tersa sin necesidad de lifting; también evitaría la aparición o disminuiría la incidencia de enfermedades asociadas al envejecimiento. Para conseguir esto aún es necesario un largo proceso de investigación, sin embargo, el primer paso ya se ha llevado a cabo.
A través de un análisis de sangre ya se puede determinar la longitud de los telómeros de una persona; con esta prueba se diagnostica si éstos tienen una longitud normal para la edad del paciente o son más cortos o más largos. De esta forma se sabría la edad biológica de una persona, que no siempre coincide con la cronológica.
Aquellas personas que nacen con los telómeros más cortos están vinculadas a un mayor riesgo de padecer enfermedades vinculadas al envejecimiento como las cardiovasculares, las infecciones o los trastornos neurológicos. Para decir adiós al envejecimiento aún hace falta tiempo; mientras tanto, las técnicas de rejuvenecimiento facial siguen liderando la carrera contra el paso del tiempo.












